Barón Igor Mortis

Personaje anfitrión

Juega con Igor. IE5   Noble centroeuropeo nacido probablemente en Moldavia (aproximadamente 1800). Muerto en 1880 (¿muerto?). Refinado, culto, exquisito. Su característica psicológica principal es un afilado sentido de la ironía, basado en el humor negro más radical. Su rancio abolengo y su inmensa fortuna se fueron a pique durante la más cruenta de las guerras, quizá la más inverosímil: la austrohúngara. Obligado por las circunstancias, el Barón tomó una decisión drástica: vender los últimos restos de su patrimonio a precio de saldo. Todo salvo la mejor de sus mansiones, un palacete decadente rápidamente reconvertido en hotel de temporada, más tarde conocido como HOTEL INFIERNO. En él se alojaron durante años los más grandes señores de la nobleza centroeuropea y buena parte de la oriental, y a su manera, a menudo incomprendida, el barón hizo "su trabajo": nadie salió de allí para contarlo... al menos con vida. En la actualidad, el hotel se encuentra en un estado ruinoso y parece un caserón vacío al borde de la más pura putrefacción. El propio barón no está tan "fresco" como debiera. Su arrugada y coriácea piel, entre pálida y verdosa como la de un viejo reptil; su tapa craneana, levantada como producto de una autopsia mal resuelta, y sus ojos profundos y penetrantes, tan decididos a abandonar las órbitas a la menor ocasión, denotan los estragos de una larga vida y de una mucho más larga... ¿muerte? En algunas ocasiones, incluso, su apolillado y pútrido cerebro flaquea, y sólo golpeándolo con fuerza después de extraerlo vuelve a su normal funcionamiento.

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   Casi ciento veinte años después de ser enterrado en un hermoso panteón de mármol, el barón Mortis sigue conservando las aristocráticas maneras que siempre le caracterizaron. Las virtudes jamás se pierden, solamente se transforman. Este estricto gourmet ha cambiado el paté y el vino francés por hígados vivos recién arrancados, regados con la ardiente sangre de las más jóvenes doncellas (sangre macerada, a ser posible con unas gotitas de formol). Y si en otro tiempo tuvo fama de gran conquistador, hoy suele yacer en una cripta y en la gélida compañía de la más hedionda calavera, preferentemente la de una mujer de más de trescientos años de eterno "descanso". No obstante, el barón no rechaza la dulce carne de una muchacha, aunque en este caso prevalezcan los estímulos culinarios sobre los eróticos. Y no se trata de canibalismo: el barón, simplemente, se adapta a sus mortuorias circunstancias. C'est la mort.

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Portada del Hotel Infierno